Dirigir un negocio implica asumir una enorme responsabilidad en solitario. Aunque se cuente con un equipo de trabajadores, proveedores, clientes, amigos y el apoyo de la familia, el propietario suele carecer de una figura con la que compartir las preocupaciones más profundas y las decisiones clave del día a día empresarial. Fuente: Siglo XXI
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