El líder español y el líder chino han demostrado una falta de disposición a pedir disculpas y una tendencia a manipular la realidad. La comparación entre ambos es sorprendente, ya que comparten una falta de dignidad y una tendencia a enrocarse en sus errores. La memoria histórica y el sentimiento nacional están siendo manipulados para justificar sus acciones. La terquedad no es fuerza y la resistencia en sí misma no es una virtud. El precio de su inmutabilidad lo pagan los inocentes.
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