La autora reflexiona sobre cómo la vida cotidiana ha perdido su espontaneidad y se ha vuelto más planificada. Se pregunta si esto es un problema de la sociedad o solo un reflejo de sus propias prioridades. Recuerda momentos en los que se dejaba llevar por la vida sin pensar demasiado y se lamenta de haber perdido esa capacidad. La autora se pregunta si la sociedad está perdiendo la capacidad de improvisar y de disfrutar de la vida sin planes.
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