La economía europea ha conseguido esquivar los peores pronósticos, pero los datos publicados por Eurostat revelan una recuperación menos sólida de lo que aparenta. El PIB de la eurozona creció un 0,4% en el tercer trimestre, pero la desaceleración respecto al trimestre anterior es preocupante. Las diferencias entre las principales economías europeas también son un obstáculo para la recuperación. Alemania registró un crecimiento trimestral del 0,2%, mientras que Francia sufrió una contracción del 0,1%. España y Países Bajos avanzaron un 0,6%, mientras que Italia permaneció estancada. La inflación de la eurozona alcanzó el 3,8% interanual en septiembre, muy por encima del objetivo del 2% establecido por el Banco Central Europeo (BCE). El encarecimiento del petróleo asociado al conflicto entre Estados Unidos e Irán ha incrementado la presión sobre los costes empresariales y el poder adquisitivo de los hogares. Aunque el consumo y la inversión han sostenido la actividad, una inflación prolongada podría acabar debilitando ambos motores. El BCE decidió mantener los tipos de interés sin cambios en su reunión del jueves 29 de octubre, pero el deterioro de las perspectivas inflacionistas ha reabierto la posibilidad de una nueva subida en diciembre. Este escenario coloca a las autoridades monetarias ante una decisión especialmente delicada: endurecer las condiciones financieras para contener los precios o preservar un crecimiento que continúa siendo moderado. Cualquiera de las dos opciones implica riesgos, especialmente para las familias hipotecadas, las pequeñas empresas y los Estados más endeudados. Otro elemento que obliga a interpretar los datos con prudencia es el extraordinario crecimiento de Irlanda, cuyo PIB aumentó un 5,5% trimestral, impulsado por la actividad de grandes multinacionales. Según los cálculos recogidos por Associated Press, si se excluyera a Irlanda, el crecimiento de la eurozona se reduciría al 0,2%. Esta diferencia demuestra que el resultado agregado puede ofrecer una imagen más optimista que la evolución real de buena parte del tejido productivo europeo.
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