El ministro se niega a dimitir a pesar de la presión para que abandone su cargo. Su comparecencia fue un despropósito, y su actitud numantina no sorprende a nadie. Se presenta como una víctima, pero es evidente que es un inepto que no ha aprendido de sus errores. La oposición y la opinión pública no se quedarán satisfechas ante esa decisión. La campaña del amor ha quedado en la cuneta convertida en una caricatura, así como los besos y los bailes que habían organizado los guionistas de La Moncloa. La realidad objetiva es que hay una responsabilidad gubernamental por todo aquello que no se ha hecho para garantizar la seguridad del sistema ferroviario. #ministro #dimisión #responsabilidadgubernamental
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