La industria de los videojuegos se está convirtiendo en un nuevo terreno de confrontación en el mundo político y cultural. Los países musulmanes, liderados por Arabia Saudita, están apuntando a crear un sector de videojuegos que compita a nivel mundial y que refleje sus valores y tradiciones. La compra de la compañía EA por parte de un consorcio saudí es solo el golpe de Estado en la industria, al apuntar a la creación de una gran industria cultural del videojuego islámico. Sin embargo, esto también plantea riesgos, al potencial de aplicación de políticas acordes con la moralidad islámica y la censura de valores y tradiciones no islámicas. Todo esto tiene sus raíces en el plan de diversificación de la economía de Arabia Saudita implementado por su príncipe heredero Mohamed bin Salmán en el año 2022, conocido como Visión 2030, con la ambición de convertir al país en uno de los centros mundiales de la industria. Pero, ¿qué significa esto para la representación de valores y tradiciones en el mundo de los videojuegos?
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