El martes por la mañana, en la zona de Urda (Toledo), un tren operado por la compañía italiana Iryo informó al gestor de infraestructuras ferroviarias, Adif, de una avería en el sistema de señalización LZB y se detuvo a las 8:38 mientras circulaba desde Madrid hacia Sevilla. Diez minutos más tarde, el AVE número 6076, que viajaba a más de cien kilómetros por hora, no recibió la advertencia a tiempo y impactó contra el coche trasero del Iryo, provocando graves daños en ambos material rodante. Este hecho constituye el segundo accidente grave en la red de alta velocidad española en los últimos nueve meses, tras el siniestro de enero en Adamuz que cobró varias víctimas. Las primeras investigaciones apuntan a una falta de sincronía entre los sistemas de gestión de tráfico de Adif y el Centro de Gestión de Operaciones (CGO) de Renfe, responsables de la transmisión de la información de emergencia. Según los datos disponibles, la señal LZB, que debería haber comunicado de forma continua la anomalía a todos los trenes en la vía, no lo hizo correctamente. Las fuentes consultadas destacan que, pese a que el conductor del Iryo activó el protocolo de aviso, el mensaje no llegó al AVE que, en “marcha vista”, mantuvo la velocidad prevista sin reducirla. Los expertos en seguridad ferroviaria señalan que este tipo de fallos sugiere vulnerabilidades en varias capas de protección, tanto a bordo del tren como en los centros de control, y hacen un llamado a reforzar los procedimientos de coordinación y transmisión de datos. Las autoridades han abierto una investigación exhaustiva para determinar con precisión las causas y responsabilidades del accidente. Mientras tanto, se mantiene la vigilancia sobre la operatividad de la red de alta velocidad, con la intención de evitar que se repitan situaciones similares que ponen en riesgo la vida de los pasajeros. Fuente: El Mundo #Trenes #SeguridadFerroviaria #Iryo #AVE #ElMundo
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