Detrás de cada smartphone, coche eléctrico o aerogenerador se encuentran las llamadas tierras raras, un grupo de 17 elementos químicos imprescindibles para la tecnología actual. Sin embargo, su extracción y refinamiento, liderados mayoritariamente por China, conllevan un altísimo coste ambiental y social. En regiones como Mongolia Interior, el proceso deja tras de sí aguas contaminadas, ácidos tóxicos y paisajes arrasados, evidenciando la cara oculta de un modelo de consumo occidental que ha externalizado la contaminación a cambio de precios más bajos y dependencia geopolítica. Fuente: Periodista Digital
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