Hace dos siglos, la enseñanza de la cirugía en Escocia se enfrentaba a un grave dilema: las clases requerían cientos de cuerpos para disección, pero la ley aún no permitía la donación voluntaria. Esto propició la aparición de profanadores de tumbas y métodos turbios para abastecer a las escuelas médicas, en una época donde el avance científico chocaba con la falta de regulación ética. Fuente: Popular Science
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