El colapso europeo no llega de golpe: es gradual, casi imperceptible, pero cada vez más palpable en la vida cotidiana. Acceder a vivienda, llegar a fin de mes, confiar en el futuro se han convertido en lujos. Pero estos no son problemas aislados; son síntomas de algo mucho más profundo. Durante el siglo XX, Europa disfrutó de condiciones históricamente excepcionales: demografía joven expansiva, energía abundante y barata, productividad en continuo ascenso, liderazgo industrial indiscutible y protección estratégica estadounidense. El modelo político y social europeo se construyó dando por hecho que estas circunstancias serían perpetuas. El error fue monumental: confundir una anomalía histórica con una ley de la naturaleza. Hoy, cuando esas condiciones han desaparecido o se han invertido completamente, el sistema tambalea. Todas las subcondiciones que permitieron los Treinta Gloriosos han cambiado de signo. Ya no hay pirámide demográfica favorable, sino envejecimiento acelerado. La energía no es barata ni abundante. La productividad se estanca. Y el modelo de bienestar diseñado para una realidad que ya no existe intenta subsistir en un mundo completamente distinto. Las políticas coyunturales, las nuevas leyes y las cumbres europeas de urgencia no arreglan nada porque no abordan la raíz del problema. #Europa #Colapso #Economía #Vivienda #Precariedad #EstadoDeBienestar #Crisis #Demografía #Libertad Fuente: Disidentia
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